El caballo es por naturaleza un herbívoro, lo que significa que sus instintos están programados para la «huida». Por eso, incluso un caballo bien entrenado puede ser a veces impredecible. Es importante recordar algunas reglas básicas que siempre debemos seguir al tratar con caballos.

No acercarse al caballo por detrás

Si te acercas a una persona por detrás sin que se dé cuenta, naturalmente se asusta, pero como mucho dará un salto o gritará. Con los caballos es igual, con la diferencia de que en el mejor de los casos se apartará. En el peor, puede darte una patada o intentar huir y lesionarse.

Si no tienes otra manera de acercarte al caballo, hazte notar al menos con un saludo, llámalo por su nombre o silba. Lo importante es que el caballo sepa que estás allí —así evitarás problemas.

La mejor forma de acercarse a un caballo es por delante o por el costado, de manera que te vea y no haya sorpresa.

No correr ni hacer movimientos bruscos cerca del caballo

Este punto está estrechamente relacionado con el anterior. Intenta mantenerte lo más tranquilo posible cerca de los caballos. Son animales sensibles que reaccionan intensamente a su entorno. En las escuelas de equitación muchos caballos están acostumbrados al ruido y a los movimientos rápidos, pero no confíes en ello, sobre todo si es la primera vez que ves a ese caballo.

Muévete de forma fluida, sin gestos innecesarios que puedan asustarlo. Habla con naturalidad y no grites si no es necesario.

No alimentar caballos ajenos

A menudo no pasa nada si arrancas un poco de hierba y se la das a un caballo. Pero no conoces su carácter y podría morderte accidentalmente.

Nunca alimentes a un caballo con pan duro si su dueño no lo permite. Puede que el caballo tenga una dieta especial por motivos de salud. Además, el pan mal endurecido puede causarle problemas serios, como cólicos.

Si no puedes resistir la tentación de darle algo, arranca hierba. También puedes darle una manzana o una zanahoria, pero no te excedas —con una o dos basta.

Observar su expresión

Desde pequeños aprendemos a interpretar las señales no verbales de las personas para anticipar su estado de ánimo o comportamiento. Con los animales ocurre lo mismo. Al acercarte a un caballo, observa su expresión para evitar accidentes. Es evidente que la mayoría no sabe leer las expresiones de un caballo, por lo que aquí tienes tres señales básicas que bastan para empezar.

Lo más sencillo es mirar sus orejas: es la mejor manera de saber si puedes acercarte o acariciarlo.

  • Un caballo con las orejas erguidas está alerta y curioso por lo que ocurre a su alrededor. Puedes acercarte tranquilamente y, si su expresión no cambia, incluso acariciarlo.
  • Un caballo relajado suele tener la cabeza ligeramente inclinada y las orejas sueltas, un poco hacia los lados. A veces las mueve si oye algo. Puedes acercarte sin problemas, siempre asegurándote de que te haya visto.
  • Un caballo incómodo con tu presencia enviará claras señales de advertencia: postura tensa, atención fija y orejas echadas hacia atrás. Aléjate y no lo fuerces.

Perros y caballos

Las amistades entre animales pueden parecer entrañables. Pero detrás hay mucho trabajo de los dueños para que la convivencia sea armónica. Si tu perro está acostumbrado a los caballos y el caballo a los perros, normalmente no habrá problema.

Si no es así, nunca dejes a tu perro suelto cerca de caballos. Ha habido casos de perros heridos o incluso muertos por la imprudencia de sus dueños. Cuando pasees con un perro sin correa, vigila siempre lo que ocurre alrededor. Así evitarás no solo problemas con caballos, sino también peleas entre perros. Lo más importante es enseñar al perro a acudir a la llamada antes de soltarlo. Ese comando puede evitarte muchos problemas.

Si llevas un perro inexperto a la cuadra, primero pregunta al dueño si el caballo está acostumbrado a los perros. Luego acércalo lentamente con correa. Si no muestra agresividad, puedes probar a soltarlo, pero siempre bajo tu supervisión.

Pasar por debajo del caballo

Parece gracioso, pero a menudo los niños pequeños se meten debajo del caballo y empiezan a rascarle la barriga. Para los adultos es obvio que esto es peligroso, pero los niños, al coger confianza con los caballos, pueden creer que nada les pasará. Puede parecer inofensivo, pero puede acabar mal. Por eso es importante recordarles que el caballo es un animal grande al que hay que tratar con respeto.

Si un niño quiere acariciar al caballo, primero asegúrate de que sea adecuado para ello. Los mejores sitios para acariciarlo son la cabeza, el cuello o el lomo.

No golpear a los caballos

¡Sí, lo has leído bien! En algunos establos se ve a gente que castiga a los caballos con una patada, por ejemplo en el hombro. Suelen justificarlo diciendo que así es como los caballos se comunican. Y aunque eso es cierto en parte, el caballo sabe perfectamente que tú no eres otro caballo. Si lo golpeas, probablemente imitará tu comportamiento.

El uso del látigo

El látigo no sirve para castigar a los caballos. ¡No lo uses con ese fin, aunque tu instructor diga lo contrario! El látigo debe ser una extensión de tu brazo para ayudarte a coordinarte al montar.

Recuerda este principio básico: nunca castigues físicamente a un caballo. Además de que es un ser vivo, ten en cuenta que es mucho más fuerte que tú. Si intenta darte una patada o morderte, lo más seguro es apartarte.

No enrollar nunca la cuerda en la mano

Puedes encontrarte en la situación de tener que llevar a un caballo. Esperemos que alguien con experiencia te explique las reglas. Pero recuerda: nunca enrolles la cuerda en tu mano. Si el caballo se asusta y sale corriendo, tu mano podría quedar atrapada, lo que es muy peligroso.

Además, nunca camines delante del caballo. Podría morderte o empujarte si se asusta. Camina siempre a su lado, con la cuerda ligeramente suelta.

No agitar las riendas como en las películas

En las películas, especialmente en los westerns, los jinetes suelen agitar las riendas para que el caballo arranque o acelere. Las películas son películas, y ahí debería quedarse. No intentes imitarlos: no funciona. Lo único que conseguirás es un caballo molesto, porque al tirar de la embocadura le causarás dolor. Y si se repite, puede que deje de responder al freno.

Mejor escucha a tu entrenador o al dueño del caballo: ellos sabrán explicarte cómo usar las riendas correctamente.

Resumen de los errores más comunes de los principiantes con caballos

  • No acercarse al caballo por detrás
  • No correr ni hacer movimientos bruscos cerca
  • No alimentar caballos ajenos
  • Observar su expresión
  • Perros y caballos
  • No pasar por debajo del caballo
  • No golpear a los caballos
  • No usar el látigo como castigo
  • No enrollar la cuerda en la mano
  • No agitar las riendas como en las películas

¿Te sientes ahora más seguro alrededor de los caballos? ¿Crees que hemos olvidado algo? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!